jueves, 27 de octubre de 2011

El chico bajo las mantas

Sin darse cuenta él se encontraba en su cama, cubierto por un millón de mantas, intentando que el frío, no se metiera en su ser.

Con la música sonando de fondo, se dejó transportar a su otro mundo, donde su realidad era bien distinta a la de su día a día. Allí él sabía que estaba a salvo del frío, dejaba que su alma saliera a pasear, que sus sentimientos se mezclaran con el sol, y que su corazón latiera sin temor. La pena era que esto sólo sucedía durante los tres minutos que duraba la canción, pero le hacía olvidar el frío que estaba acostumbrado a sentir.

El chico deseaba que el frío invierno y la oscuridad no volvieran a penetrar más allá de sus huesos. Este año no estaba dispuesto a darles la oportunidad de volver a irrumpir en su alma o en su corazón.

Entonces él apago su música, encendió una vela y volvió a cubrirse, sin dejar nada al descubierto, cerró los ojos y espero que el frío se apartara de él. Tan inocente, que no sabía que lo peor estaba por venir. Volvería a sentir ese frío, que tanto teme y que incluso a veces lo deja sin respiración, inevitablemente en su corazón siempre había un poco de calor, pero que se consumía como la vela que había encendido esa misma noche.









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