Al comprar una prenda nunca lo hago si no veo rápidamente el estilismo, el uso y la combinación. Quizá sea una manía, pero algo que no puedo evitar desde tiempos remotos.
Creas estilismos en tu cabeza, que luego intentas poner en práctica, en ocasiones te ilusionas, otras veces te ilusionan. Intentando siempre mantener esa ilusión intacta.
Y es cierto que a veces, una vez creada la combinación, ves que no esta hecha para ti, intentas mejorarla, cambiando algún pequeño detalle, pero te das cuenta de que no es para ti, y ahí es cuando empieza el proceso contrario, la desilusión. Algo que te reduce, que te crea impotencia, pero sin darte cuenta empiezas a crear de nuevo o simplemente el estilismo que nunca imaginaste llegar a ponerte se cruza por delante, y vuelves a la ilusión, sonríes, aunque con miedo, a volver a caer. Piensas seriamente en tirar la toalla, harto de tanta desilusión, harto de no encontrar combinación, ves que tu modesto armario esta lleno de combinaciones que creías perfectas, looks de una noche, algún fondo de armario, otros propios de la temporada, muy diferentes pero con una cosa en común todos te hicieron ilusionarte, para luego acabar con ese vacío.
Entonces es cuando este modesto chico amante de la moda, se pregunta sí algún día conseguirá lograr la combinación perfecta, o simplemente su creación será temporal, estacional y con su fecha de caducidad.
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