martes, 18 de enero de 2011

Desprenderse de viejos fulares, pañuelos bufandas....

Entonces te das cuenta de que habías apostado fuerte, muy fuerte. Quizá más fuerte de lo que jamás hubieras imaginado. Y sin tener otra opción tienes que salir a la calle, tienes que empezar a vivir, levantarte una vez más de las continuas caídas al vacío.
Intentas vestirte de forma discreta, y al mirarte en el espejo ves que te falta algo, el pañuelo, el fular, la bufanda que hace que mantengas tu calor, que cubre tu cuello, que le da un aire diferente a tu look, frío y hostil.

Lo pones a tu manera, intentas así protegerte del gélido invierno, y a la vez deseas que parezca que esta colocado de una forma natural, que no se note mucho que está puesto al milímetro. Que cada una de sus vueltas alrededor de tu cuello, están más que pensadas.

Te decides a salir, por fin y ves tu reflejo en el espejo, y otra vez has vuelto a ponerte el fular, del que no puedes desprenderte, el que parece que tiene una fuerza sobrenatural sobre ti y sobre tu persona. Tanto es así, que te sientas y apoyas tu espalda contra la pared y te das cuenta que una vez más has vuelto a ponerte la ropa condicionado, por ese fular. Ese fular que no te aporta prácticamente nada, pero aun así no encuentras el método ni la manera de desprenderte de él. Quizá es hora de renovar los fulares, lo pañuelos, las bufadas de tu armario… Y volver a  caminar, volver a cubrir el cuello del color y del material que te venga en gana, o dejarlo al descubierto, que la elección o la decisión la tomes tú, y que nada te condicione, ni destruya tu esencia que al final es lo que te quedará.

Y de una vez dejar de apostar tan fuerte por ese viejo fular…. Es tiempo de cambios, y el primero debe ser quemar el fular, para así poder continuar.










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