Música de fondo, lluvia, truenos y el miedo que recorre por tu cuerpo, así se presenta el viernes. Impresionante la fuerza que el tiempo puede ejercer sobre el estado de ánimo.
Miedo a volver a destapar el corazón que tienes envuelto entre muaré y encaje. Miedo a que alguien pueda volver a destrozarlo, pero su movimiento, te grita que lo vuelvas a desnudar, que le quites las telas que los cubren, que tiene ganas de latir con fuerza y esas telas se lo impiden y le ralentizan su latido.La verdad es que no solo el corazón tienes cubierto, en tus ojos pusiste otro trozo de tela de raso negro, que te impide ver. En realidad, eres tú el que no quiere ver, no quieres dejar que tu cuerpo, que tu corazón, vuelva a palpitar, por eso no paras de cubrirlo, de envolverlo, de taparlo, con toda clase de telas.
Crees que esa es la solución, pero la verdad es que no va a funcionar, quieres creerlo, incluso te lo empiezas a creer, pero lo cierto es que “es imposible renunciar a los latidos que vida te dan”, y quizá esa sea la esencia, tu esencia. La que te hace ser como eres, lleno de defectos, de manías, pero una vez más volverás a colgar tus telas, las guardarás en los cajones de tu modesto armario, para así darle paso a los latidos que tu corazón empieza a sentir.
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