jueves, 28 de octubre de 2010

Prêt-à-porter de lujo.

“Admirado por muchos, detestado por otros, sin duda para mí una gran obra de los dioses de la moda.
Sin querer o por simple naturaleza, no puedo dejar de comparar dicha creación con algunos aspectos de mi vida”.

Paseando por la milla de oro de tu ciudad entras a una boutique de lujo, lo ves colgado, ni te atreves a tocarlo, pero sabes que es para ti, aun así decides irte salir de allí, entonces en ese justo momento te das cuenta que tu vida no va a tener sentido sin él, sin ese precioso vestido.
Sin más dilación vuelves a por él, lo tocas y sientes como cada una de sus fibras recorre  tu cuerpo, no puedes resistirte a su encanto, te lo pruebas, entonces tus miedos se van y sabes que no vas a poder estar sin él. Pero sabes el esfuerzo que vas a tener que hacer para poder pagarlo, así que decides dejarlo.

No pasan más de dos días y vuelves a por él, te lo pruebas por segunda vez y como la primera ves que esta hecho para ti, te toman medidas lo amoldas a tu silueta, le tocas el largo, lo estrechas, consigues que sea perfecto. Lo luces en una cena, en una fiesta, una boda, un coctel, vas jugando con los complementos y le sacas todo el partido que eres capaz. Pero llega un día que el vestido empieza a dar problemas, se te empieza a descoser o  incluso empieza a perder color, pero no siempre es culpa del vestido a veces es tuya lo enganchas sin querer con el anillo, o incluso lo manchas de maquillaje, cosas que a todos nos pueden pasar.

Entonces te planteas ¿Es hora de uno nuevo de meterlo en una funda y colgarlo de tu modesto armario o por el contrario sigues apostando por él, incondicionalmente como hasta la fecha?

















Secondhandclothing4